Por Oswaldo Voysest
No soy partidario de aquella visión tribal que reclama o busca privilegios y provechos principalmente para su grupo. En este sentido, un candidato político no me interesa por lo que pueda hacer para los hispanos, sino por el bien que pueda hacer para el mayor número de personas. Por lo tanto, en estas elecciones los hispanos deberíamos medir cuál de los dos candidatos principales podría contribuir a un mejor resultado global para nuestra sociedad.
Es indiscutible que bajo una presidencia de Obama el tamaño de la administración central del gobierno aumentaría mucho más de lo que tenemos ahora. Para realizar todas las promesas que Obama ha hecho (en salud, educación, incremento de impuestos, etc.) no cabe duda que una burocracia más abultada será necesaria para hacer frente a una generosidad gubernamental cada vez más dadivosa, aparte de un mayor presupuesto.
A primera vista, esta idea de un Estado munificente y caritativo resulta atractiva, pues no sólo apela a cierto lado de la naturaleza humana, sino que también es la práctica extendida que ha caracterizado los gobiernos de nuestros países de origen a lo largo de la historia y que, por lo tanto, ha marcado —desafortunadamente— muchos de nuestros valores. Sin embargo, muchos de nosotros hemos venido a este país como inmigrantes para luego formar parte de esta idea llamada América. Los que hemos sabido valorar los logros, virtudes e ideales de EEUU no hemos venido a replicar la vida que hemos dejado en nuestros países de origen. Hemos venido a integrarnos a unos valores que tienen que ver con la autosuficiencia y la independencia individual, la libertad de poder decidir el destino que queramos sin la pesada interferencia del Estado, el reconocimiento de las posibilidades individuales dentro de un marco político y social que garantiza el desarrollo del potencial de una persona por lo que puede hacer y no por quien conoce, por su posición social o su lugar de origen.
El periodista y pensador argentino Mariano Grondona está convencido de que el factor dominante del estrepitoso decline social, político y económico de Argentina desde los años 30 es la cultura. Grondona cree que la manera que una cultura estima el valor del individuo tiene un impacto importante en el respeto y la fe que se tiene en el individuo, una fe basada en la igualdad de oportunidades, la libertad y la decentralización. Asimismo cree que la actitud hacia esas «virtudes menores» (la puntualidad, la cortesía, el orden, el trabajo bien hecho) son elementos importantes de identificación social y responsabilidad.
Un gobierno, como el que quiere implantar Obama, que defiende y promueve la largueza y liberalidad de recursos del Estado a sus ciudadanos como política social tiene todos los ingredientes para un desastre en la medida que engendrará irresponsabilidad social, debilitará la fortaleza ética y moral y el sentido de comunidad que ha hecho que los americanos seamos el pueblo más generoso de la historia frente a toda tragedia que nos golpea. El llamado sueño americano no ha sido nunca uno de recibir algo en virtud de ser ciudadano del país; ha sido siempre un llamado a la acción, a luchar con esfuerzo y determinación por una meta en un país que nos ha brindado igualdad de oportunidades y la libertad para desarrollarnos en función del trabajo y la habilidad individual.
Este 4 de noviembre marcará un hecho histórico; estemos, por lo tanto, no de parte de la historia, sino de la singularidad histórica de los Estados Unidos de América, que afirma la independencia individual sobre la excesiva intervención del Estado.
No soy partidario de aquella visión tribal que reclama o busca privilegios y provechos principalmente para su grupo. En este sentido, un candidato político no me interesa por lo que pueda hacer para los hispanos, sino por el bien que pueda hacer para el mayor número de personas. Por lo tanto, en estas elecciones los hispanos deberíamos medir cuál de los dos candidatos principales podría contribuir a un mejor resultado global para nuestra sociedad.
Es indiscutible que bajo una presidencia de Obama el tamaño de la administración central del gobierno aumentaría mucho más de lo que tenemos ahora. Para realizar todas las promesas que Obama ha hecho (en salud, educación, incremento de impuestos, etc.) no cabe duda que una burocracia más abultada será necesaria para hacer frente a una generosidad gubernamental cada vez más dadivosa, aparte de un mayor presupuesto.
A primera vista, esta idea de un Estado munificente y caritativo resulta atractiva, pues no sólo apela a cierto lado de la naturaleza humana, sino que también es la práctica extendida que ha caracterizado los gobiernos de nuestros países de origen a lo largo de la historia y que, por lo tanto, ha marcado —desafortunadamente— muchos de nuestros valores. Sin embargo, muchos de nosotros hemos venido a este país como inmigrantes para luego formar parte de esta idea llamada América. Los que hemos sabido valorar los logros, virtudes e ideales de EEUU no hemos venido a replicar la vida que hemos dejado en nuestros países de origen. Hemos venido a integrarnos a unos valores que tienen que ver con la autosuficiencia y la independencia individual, la libertad de poder decidir el destino que queramos sin la pesada interferencia del Estado, el reconocimiento de las posibilidades individuales dentro de un marco político y social que garantiza el desarrollo del potencial de una persona por lo que puede hacer y no por quien conoce, por su posición social o su lugar de origen.
El periodista y pensador argentino Mariano Grondona está convencido de que el factor dominante del estrepitoso decline social, político y económico de Argentina desde los años 30 es la cultura. Grondona cree que la manera que una cultura estima el valor del individuo tiene un impacto importante en el respeto y la fe que se tiene en el individuo, una fe basada en la igualdad de oportunidades, la libertad y la decentralización. Asimismo cree que la actitud hacia esas «virtudes menores» (la puntualidad, la cortesía, el orden, el trabajo bien hecho) son elementos importantes de identificación social y responsabilidad.
Un gobierno, como el que quiere implantar Obama, que defiende y promueve la largueza y liberalidad de recursos del Estado a sus ciudadanos como política social tiene todos los ingredientes para un desastre en la medida que engendrará irresponsabilidad social, debilitará la fortaleza ética y moral y el sentido de comunidad que ha hecho que los americanos seamos el pueblo más generoso de la historia frente a toda tragedia que nos golpea. El llamado sueño americano no ha sido nunca uno de recibir algo en virtud de ser ciudadano del país; ha sido siempre un llamado a la acción, a luchar con esfuerzo y determinación por una meta en un país que nos ha brindado igualdad de oportunidades y la libertad para desarrollarnos en función del trabajo y la habilidad individual.
Este 4 de noviembre marcará un hecho histórico; estemos, por lo tanto, no de parte de la historia, sino de la singularidad histórica de los Estados Unidos de América, que afirma la independencia individual sobre la excesiva intervención del Estado.


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